
Dentro del óvalo amarillo, Guillermo con su gorrita blanca. Publicado en La Vanguardia.
… Mis oscuros presagios del cajón se cumplen: la gente próxima a mí está saliendo a velocidades muy distintas. Para conseguir mi objetivo de bajar de 42’ 17” y aproximarme a los 40’ si todo va bien, debo salir como mínimo a un ritmo de 4’ 12” / km. Estoy rodeado de gente mucho más lenta y empiezo a esquivar, buscando un lateral para progresar. Corro de esa manera hasta llegar al km 1; consulto el crono y, para mi horror, el ritmo ha sido de más de 4’ 30”, horrendo. Eso me va a obligar a empezar a forzar demasiado pronto, para recuperar, con el agravante de que ahora durante 2 kilómetros más habrá una subida leve, pero constante.
En mis dos experiencias previas de competición en 10.000 – Septiembre y Noviembre 2007 – me había sucedido justo lo contrario: pretender salir a ritmo de 4’ 30” y, a la hora de la verdad salía más rápido, aguantaba el ritmo y conseguía bajar netamente de 45’. Ahora ya voy “perdiendo” y el partido acaba de empezar. En fin…
Voy subiendo, buscando progresar, corriendo por el lateral. Debo buscarme ya una buena liebre, que tire de mí un poco. José Manuel ya me aconsejó en su día que hay que ir cambiando de “parejas de baile” a lo largo de la carrera, buscando pegarte siempre a aquellos cuyo ritmo nos interesa. En mi todavía cortísima experiencia, me ha ido bien salir siguiendo a una fémina en los primeros kilómetros. Las chicas a las que he seguido en carrera suelen arrancar con un ritmo muy decidido (luego se me desfondan un poquito hacia el final, pero esa es otro historia, y para entonces ya he cambiado de “pareja”).
En esta carrera no estoy encontrando a ninguna atleta que sirva para mis fines, así que me “resigno” a intentar seguir a un macho, un individuo muy “tibetano”, no sólo por su cinta reivindicativa en la cabeza, sino por su aspecto físico de viejo monje escuálido. El tío lleva un ritmo muy bueno, tanto que no puedo seguirle, maldición. En esto ya hemos pasado por el punto 2,5 km; un cuarto de carrera, con 10’ 34”, o sea 4’ 13” el km. Bueno, mi media ha mejorado algo desde la salida, pero ahora hay un pequeño embudo al pasar por una calle más estrecha. Es que 13.000 tíos y tías ocupan lo suyo... Me gustó mucho una frase dicha por un sargento en Platoon: “las excusas son como el culo: todo el mundo tiene uno”, pero la verdad es que esos atascos, por leves que sean, te restan ritmo, seguridad y, finalmente, unos preciosos segundos…Otra cosa que no mola son los grupitos de 3 corredores que corren alineados. Son un peligro; colapsan el recorrido y pueden provocar caídas. En un momento dado me adelantó un trío infernal de estos; me mosqueé y les adelanté yo a ellos de inmediato, ¡pero qué coño!
Ya estamos en la Gran Vía, y para mi sorpresa, no está cerrada del todo, sólo la mitad de los carriles. Hay que tener precaución, porque estoy corriendo por el lateral. Paso por el km 4, y sigo sintiéndome incómodo. No sólo porque no llevo el tiempo que me gustaría, sino porque no estoy corriendo a gusto. Por cierto, agobia bastante que todos vayamos con la misma camiseta; parecemos una horda de judíos hostigados por los nazis, obligados a correr, todos uniformados. A estas alturas ya sé que será inalcanzable el objetivo óptimo de bajar de 40’; ya será muy notable conseguir mejorar mi propia marca. Todas las liebres que he seleccionado después del “tibetano” se me han escapado. No encuentro el ritmo, no puedo seguir el ritmo que necesito. Eso estoy pensando cuando alguien me toca en la espalda,pero no me giro. Oigo mencionar mi apellido – llevo los auriculares a tope, no sé cuántas veces habrá sido necesario pronunciarlo - , me giro entonces, y ahí está Guillermo. Me sorprende verlo a mi altura, no lo esperaba, pero eso es bueno pará él, significa que ha salido bien desde el sub 43’ y está aguantando. Me indica que me vaya, que él ya sigue a su ritmo…
… Eso intento hacer, me voy para adelante, pero al poco rato empiezo a sentir molestias. No las que podía temer, fruto del maratón, en mi rodilla derecha y femorales, sino algo mucho más prosaico y terrible: flato. ¡Maldita sea! Me veo obligado a bajar el ritmo, y noto esa amarga sensación de que todo el mundo me está pasando de largo. No he llegado aún a la mitad de la carrera y ya estoy deseando que se acabe. Nunca me había pasado eso, ni siquiera en el maratón. Necesito el avituallamiento ya! Está antes del km 5. Ya veo la primera mesa. Estoy a la izquierda de la calle, voy pasando a la derecha y agarro el botellín de agua, y doy tres buenos tragos, que necesitaba.
Me quedo la botella, y algo más adelante, agarro un vaso de Gatorade y doy un par de sorbos, a ver si esos electrolitos y azúcares me dan la energía que me parece faltar ahora. Paso por el km 5, mitad de carrera, en 21:20. El último cuarto lo he hecho en 10’ 46”, un ritmo de 4’ 18” /km. Las sensaciones son muy distintas respecto a la Jean Bouin en noviembre; entonces me sentía muy bien en mitad de la carrera, y aquí lo estoy pasando mal, no estoy corriendo nada a gusto. Cuando me siento bien, tanto entrenando como en competición, si suena por mis cascos algún fragmento de canción que me motiva especialmente, me da por cantar encima, hacer alguna parida con manos y brazos, y contornearme como si en lugar de corriendo estuviese bailando, y en lugar de una bebida isotónica tuviese en la mano un Cuba Libre de Havana Club 7 o Bacardí 8 (ok, puristas, el Cuba Libre se prepara con ron blanco, pero ¿alguien duda que si el militar americano que se supone inventó esta bebida hubiera dispuesto de un buen ron añejo con su mínimo de 5 añitos en barrica no lo hubiera utilizado en su lugar?). Vamos, que doy espectáculo... Pero hoy no me siento con ganas de fiesta, no. Lo estoy pasando mal.
He subido el ritmo desde el 2,5 km, pero lo llevo pagando un eterno kilómetro. Me tiro el resto de la botella en dos veces por encima de la cabeza, y la ducha fría me sienta de fábula. Me siento reactivado, y empiezo a poder subir el ritmo poco a poco. Estamos llegando al km 6. Un tramo normalmente fácil y agradable de correr ha sido un pequeño infierno para mí.
Ahora tomo como liebre a una chica, con aspecto de saber lo que se hace, que va a buen ritmo, progresando. Buena elección. No la perderé hasta casi, casi la línea de meta. Paso por las alfombras del punto 7,5 km, 3 cuartos de carrera, en 32’ 01”. Este tramo lo he hecho en ritmo de 4’ 16”; vamos mejorando, pero hace falta apretar más para llegar al tiempo de mi Jean Bouin. Pasamos por el Arco de Triunfo, km 8, y ya estamos en la Vía Layetana que me ha de servir, por su bajada, para recuperar tiempo. Lo malo es que al llegar la estrechez de la calle comparada con la precedente, provoca otro pequeño embudo. Voy bajando, acelerando el ritmo, y empiezo a adelantar a corredores con facilidad. Voy apretando, pero quiero guardar una pequeña reserva para el kilómetro final. Acabo de pasar el km 9 en un tiempo de 38’ 27”, terrible. Eso significa que voy a tener que correr como loco en el último kilómetro... Si quiero mejorar mi marca he de hacer este trecho en 3’ 49”.
Oh, empieza a sonar mi “powersong”. En entrenamientos largos, ½ y maratón tengo “Even dwarves start small” de Younger Brother como canción de “darme caña” y “AeroDinamik” de Kraftwerk para el final, recordándome “ser aerodinámico”. Para esta ocasión he seleccionado “Ignore the machine”, de Alien Sex Fiend. Se trata del primer single – publicado en 1983 - de este dúo, padres de lo que creo que hoy en día llaman “death rock” – en sus tiempos esta música era “industrial” -, y que en su día era un hit alternativo que bailábamos en Metro, Studio 54 y otros antros de la Barcelona underground, hoy desaparecidos. En su día no era yo muy fan de esta gente, pero la canción es magnífica y retrata toda una época…
En esas estamos cuando llego al alcance de Oriol, al que no había visto en toda la carrera. Le adelanto y le hago señas para que tire conmigo. Se pone a mi altura durante unos metros, pero finalmente no puede seguir mi ritmo y se queda atrás. Lástima, porque estoy convencido que durante esos 800 metros finales, si nos hubieremos ido relevando, hubiésemos mejorado las marcas ambos. Ya giro por el Paseo Colón, y veo las pancartas de llegada. Aprieto los dientes, me da la impresión de ir a tope. Escupo, cosa que nunca hago en carrera. Doy un último vistazo al crono y soy consciente de que he de darlo todo. Cruzo la meta índice en alto, paro el reloj y, maldición, ahí pone 42’17” 9 ...

Tiempo fatídico...
Como sea correcta la medición, no habré conseguido mejorar mi marca. Inquieto me quedo hasta que por la tarde al ver la clasificación en Internet se confirma lo peor, 42’ 18”. Un puñetero segundo más que mi mejor marca, obtenida en mi última carrera, 42’ 17”. Pena, después de haber hecho un buen último cuarto de carrera, en 10’ 17”, a 4’06”/ km, adelantando a 136 atletas. Por cierto, mi lugar final es el 1.560. Con un total de 12.799 atletas que han llegado al final, significa que estoy entre el 12% de los mejores. No está mal :-)
La llegada, con las cámaras lejísimos de la línea de meta
¡ A ver si me véis! No es fácil distinguirme entre tanto pelao con gafas... (pista: aparezco más o menos cuando el cronómetro marca 42:20)
Llega Oriol poco después de mí, y desahogo con él mi inquietud por el tiempo. Me siento a quitarme el chip de las zapatillas. Las anudo de nuevo, Oriol me ayuda a levantarme, y me dirijo hacia la salida a entregar el chip. Aparece entonces David, y un poco más tarde llega Toni. Los dos muy contentos, y no es para menos. David ha mejorado su marca de la Jean Bouin, 45’ 59”, y además ha logrado su objetivo de bajar de 45’, consiguiendo 44’ 36”. Toni, en su primera competición adulta, se había propuesto bajar de 50’ y lo ha conseguido ampliamente, con unos magníficos 44’ 55”. He estudiado su progresión en la carrera y ha sido extraordinaria, haciendo el último cuarto a un ritmo de 4’ 07”, sólo un segundo más lento que yo. ¡En este tramo ha adelantado a nada menos que a 532 corredores!

Antoni, David y Toni al acabar la carrera
Oriol ha hecho un tiempo un poco peor que yo, pero no le he visto en la clasificación. Ya ha reclamado, y siguen sin ponerle… A Guillermo no le he visto en la zona de meta, pero en Internet compruebo que ha conseguido su objetivo declarado previamente de mejorar su marca de 44’ 08” conseguida en la San Silvestre de diciembre 2007, consiguiendo 43’ 37”. Veo por sus estadísticas que salió con mucha fuerza, perdió ritmo hacia la mitad de la prueba, pero se rehizo en la segunda mitad. Marisa, la veterana corredora compañera de gym que no se pierde una carrera, también ha mejorado su marca…
David, la alegría del objetivo cumplido
Total, que aquí todo el mundo ha cumplido sus objetivos, pero un servidor se ha quedado con un palmo de narices por culpa de un puñetero segundo. Es cruel. Parece mentira que en una carrera de 10 km, la diferencia entre la felicidad y la tristeza sea tan escasa. Mira que ha habido ocasiones de intentar apretar un pelín más para arañar ese segundo, y a la hora de la verdad ese sprint final no me ha bastado... De estar exultante de alegría, a sentirme un idiota por no haber recortado un par de segundos cuando he tenido ocasión.
A Toni le faltó tiempo para llAmar a casa y comunicar su gran resultado...
David achaca mi “pájara” del km 4 a la bebida isotónica que ingiero antes de las carreras. Sobre esto hay teorías contrapuestas. Sin ir más lejos, Jesús España – campeón de Europa de 5000 m en 2006, de España en 2003, 2005 y 2006 en la misma distancia – recomendaba en sus consejos para esta carrera ½ litro de agua y ¼ de bebida isotónica una hora antes de la competición. Otros dicen que te hidrates con bebidas isotónicas el día anterior ( no lo entiendo, ¿ para qué necesito azúcares simples que no voy a gastar en ese momento?). Yo sigo el “manual” de la maratón de Barcelona, que recomendaba la bebida isotónica ¼ de hora antes de la salida.
¡Quiero esta foto al final del Maratón Barcelona 2009!
El quid de la cuestión está en si sufrirás o no hipoglucemia al lo largo de la carrera (por cierto, sufrí una de verdad el miércoles, haciendo 6 series de 400, a falta de 100 metros para acabar la última. Seguí adelante viendo estrellitas, una especie de nebulosa, pesadez de piernas... Pero bueno, todo hay que entrenarlo, ¿no?). La verdad es que en todas mis competiciones , carreras largas o cortas, me he bebido siempre antes de la salida mi Isostar Green Apple – ni siquiera cambio el sabor - , y los resultados hasta el domingo han sido buenos. Y en mi entrenamiento para el maratón, en las salidas largas del domingo, para hacer 20 o más kilómetros, llevaba conmigo un Isostar o un Powerade durante toda la carrera, e iba bebiendo a pequeños sorbos continuamente. No voy a culpar ahora a mi bebida pre-competición habitual mi malestar en carrera; no sería justo, no.

¡La alegría no debe perderse jamás!
Bueno, pues ya estamos los tres listos... Nos vamos David, Toni y yo hacia el coche, mientras comentamos la jugada. Camisetas secas, plátanos y barritas energéticas para reponer las casi 800 calorías que se nos han ido en estos intensos ¾ de hora. Nos despedimos y, aprovechando que ya estoy en mi calle, decido irme andando a casa. Deportista que es uno, ya que es mi calle, pero estoy más de 400 números más abajo, así que he de cruzar media ciudad… :-)
El 27 de Abril he de mejorar mi marca en la milla de la Sagrada Familia. El año pasado hice 6’ 12”, y este año voy a intentar bajar de 6’ 00” y, por qué no, de 5’ 45”. Y necesito correr otro 10.000 pronto, para quitarme el sabor amargo de esta carrera de los bomberos... Y es que mejorar tu marca , si ésta ya es buena, en una carrera tan masiva es muy complicado.
Pulsimetría:
Frecuencia cardíaca máxima (FCMax) teórica: 181 ppm (210 – 0,65 x edad en años) (*)
Calorías consumidas: 791 kcal
Pico cardíaco: 187 ppm (103,3% FCMax)
Frecuencia Media: 179 ppm (98,9% FCMax)
Tiempo en Zona de Alta Densidad (**) (>90% FCMax): 40’
Efecto de Entrenamiento (escala 1-5) : 5,0 Over Reaching (Esfuerzo Excesivo): “Aumento drástico de la forma física aeróbica si se permite recuperación adecuada con posterioridad. Alta demanda de recuperación. Mayor riesgo de entrenamiento excesivo si se repite con demasiada frecuencia” (Que nadie se asuste, después de un entrenamiento largo y duro, o de competición de 10.000 m,. 1/2 maratón o maratón, todos acabamos igual...).
(*) existen diversas fórmulas para el cálculo de la FCMax, siendo la clásica FCMax= 220 – edad en años (para hombres), y FCMax= 226 – edad (para mujeres). La que yo utilizo es la de mi pulsímetro Suunto.
(**) esta es la zona cardíaca por encima del umbral anaeróbico; es decir , se corre con deuda de oxígeno. Los músculos utilizan más oxígeno del que el cuerpo puede proporcionar.